MAURICIO RIVEROS EN LA SALA SCD DE BELLAVISTA: LA DESPEDIDA (Música de Color, Chile enero de 2017).

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Si bien se trataba de un reencuentro, el concierto que Mauricio Riveros ofreció anoche en la SCD de Bellavista tuvo un dulce sabor a despedida. Y digo “dulce” en lugar de “amargo”, porque lejos de la tristeza que producen los adioses, en el reducto musical del barrio bohemio vivimos una fiesta, una íntima reunión de amigos, de esos amigos leales y fraternos que escasean en los tiempos de ahora, pero que siempre van de frente en busca de la verdad.

El músico que desde hace ya un buen puñado de años reside en México, y que nos visita cada cierto tiempo, anunció tras este show su alejamiento de los escenarios por tiempo indefinido. Por esta razón, estar ahí presente era un deber y a la vez un privilegio.

Cubierto de plumas negras y luciendo anteojos oscuros, y como siempre acompañado por Drag –su más fiel escudero–, Riveros repasó su discografía: los éxitos de sus discos en solitario, junto a las canciones clásicas de su ya mítica banda Truman. Mientras, a un costado del escenario, y en una sincronía casi perfecta, se proyectaron durante la totalidad del show una serie de visuales con imágenes de videoclips y letras de sus canciones.

Y como se trataba de una velada especial, para la ocasión se habían anunciado previamente un par de estrenos: la proyección del mini film Geografía en Llamas, relato audiovisual de diez minutos de duración en el que Mauricio recorre las páginas de su hasta ahora último libro de poesía, del mismo nombre, acompañado por la lectura de poetas invitados; y el videoclip de Vendrán años nuevos, realizado por Valeria Vásquez, y grabado recientemente en las calles nocturnas de la capital.

Con puntualidad inglesa, las luces se apagaron a las 21 horas y tras la proyección del mini film, salió Riveros a escena para interpretar La Eternidad, seguida por De Todo en esta Vida y El Adiós Invisible. Haciendo gala de una voz inconfundible y de un especial sentido del humor (con un innegable acento mexicanote), la noche transcurrió sin tropiezos para Mauricio, con canciones como El Desastre, Ártico y La Flor Inconforme, esta última, fue tal vez, de las más aplaudidas en lo que respecta a sus registros en solitario.

Tras interpretar una de sus más recientes composiciones, Una trampa hecha de barbas, fue el turno de proyectar el esperado videoclip de Vendrán años nuevos, para luego continuar con la sección dedicada a Truman. En esta parte del show desfilaron canciones como Testigo, Descifrarme y Crecer, un cóctel molotov de otra época, como para despertar la nostalgia del público presente y repasar canciones que siguen estando allí, tan vivas como siempre.

Y para el final, Lo que no está permitido (de su primer disco en solitario, La Verdad) y Lazos (canción incluida como bonus track en el disco Sueños al Oído de Truman), una manera simbólica tal vez –aunque desconozco si de forma consiente o no– de cerrar un ciclo respecto a lo que significó soltar los lazos de su banda anterior, para salir en busca de la verdad en solitario.

Respecto al futuro, lo que suceda desde hoy en adelante con Mauricio Riveros en el plano musical y creativo se mantendrá para nosotros en un misterio. Aunque sabemos que el bichito de la poesía y la música reside allí, dentro de él, y más temprano que tarde, lo tendrá de vuelta entre nosotros.

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